una entrada de eeclach
fotografías de Andrés Gómez
texto de tom fabucu , (utilizando como base la historia de El Principito
de Antoine de Saint-Exupéry)
(Derechos y fotografía Propiedad de Andrés Gómez)
 |
| (fotografía de Andrés Gómez) |
En el planeta de aquel Pequeño Príncipe, con el paso del tiempo fue evolucionando la vida. Y con ésto, de nuevo el Príncipe, aún niño en su corazón, sintió la urgencia de salir de él pa-
ra en su viaje buscar nuevas respuestas. Todo se había liado de manera incomprensible; la
gente había descubierto su pequeño planeta y no sin buena intención lo habían colonizado.
Convirtiose a última hora en un lugar saturado de normas, capricho y manías donde resultaba
difícil la convivencia. En él el espacio y la calma menguaban a la par. Incluso la rosa que cui-
daba con tanto esmero se veía alicaída...
Pero el Pequeño Príncipe había crecido y en la convivencia con sus vecinos y el ruido, no en-
contraba el lugar ni el momento para relajarse y pensar. Incluso se había vuelto difícil viajar
en sueños.
Un día recorrió su pequeño mundo buscando un paraje tranquilo. Caminó y caminó hasta que
llegó la noche. Cansado como estaba se acurrucó sobre la yerba y quedó dormido.
Mientras dormía, un caballo que no había visto antes se acercó sigilosamente a él y con el mo-
rro olisqueó su rostro y su aliento.
El Príncipe Crecido despertó poco a poco al roce del animal y se incorporó para sentarse. Enton-
ces vió que sin falta de pronunciar palabras podía hablar perfectamente con el animal.
- Tú que eres un animal libre pues no te encuentro cabezada ni marca de ella ¿cómo has llegado
hasta aquí?,¿acaso puedes viajar como los sueños?
- Vivo en los sueños, no todo el mundo puede verme, ésta es mi realidad...
- Entonces, sí puedes ir a donde quieras...
El Príncipe le contó lo que le ocurría y además que no era capaz ya de trasladarse en sueños, que
se sentía muy lastrado.
- No puedo viajar sólo,- le contestó el caballo,- pero si tú logras soñar, por mucho que peses se-
rás ligero para mí y podré llevarte a donde imagines. Esa es la manera en que me muevo. Eso sí,
es posible que te deje en tu destino y parta hacia otros mundos...
- Está bien saberlo
 |
| fotografía de Andrés Gómez) |
- Sólo tienes que tallar o dibujar una figura de caballo y de alguna manera ponerlo en movimiento y tratar de imaginar que es real, entonces apareceré...
El Prícipe crecido cogió un hueso que encontró bajo un árbol de su rincón. Lo gastó y dio forma
de cabeza de caballo a base de desgastarlo con esquirlas de piedra y a la noche siguiente comenzó
con su llamada.
Pero la cosa no resultó tan fácil. Por mucho que se concentraba mirando la pieza y tratando de imaginarla viva ésta no parecía animarse mucho. Desesperado, frustrado, lo intentó hasta el agota-
miento. Entonces, cansado, lo dejó y tiró un resoplido:- Nada.- Respiró para tranquilizarse.
Al rato, ya sin pensar en cosa alguna, volvió a alzar la mano cogiendo entre dos dedos la cabeza de caballo e imaginó que la mano era su cuerpo y los dedos sus patas y lo puso a galopar en la noche
con tanta despreocupación ya, que acabó penando que él mismo era el caballo y podía volar entre
las estrellas. Éstas apenas podían verse con la cantidad de luz que llegaba de las farolas de la pobla-ción pero cuando quiso darse cuenta el cielo estaba limpio y sembrado de destellos titilantes y constelaciones.
 |
| fotografía de Andrés Gómez) |
Miró a su alrededor y vio un mundo limpio, una noche natural e increíble. -¡He viajado! Antes
de ponerse a caminar se quedó allí depié observando cuanto le rodeaba. Sin hacerse sentir
apenas, un cárabo fue a posarse junto a él, en una rama desnuda, y comenzaron a conversar
tranquilamente...