domingo, 25 de octubre de 2015

Alguien plantó un tipi en Castilla -- (A teepee in Castilla)


                     Alguien puso un tipi al pie de la Sierra.
                     tipi de lona




      ...dos manos, un pacto , un gesto de amistad o compromiso que debería repetirse más real
      entre los pueblos. En recuerdo a todos los amigos de Canadá.



Otoño en el jardín -- ( Garden´s autumn )


                        fotografías de caballescu f.
                        pueblos de la Sierra, Castilla, 2015




          para los días guapos del otoño, se quedaron fuera las sillas del verano. La guindalina vestida
          de luces.




        y los nogales, tirada ya la fruta, comienzan a dejar caer sus hojas tocadas con un aroma afrutado
       de los  más ricos.




             también se retiraron las uvas y si alguna queda que no se hayan comido todavía unos
             pájaros u otros, quedq dulce y pasa.



                
                            cartas de colores
                                regalan al otoño
                                    el dulce aroma                                      (tom fabucu)


viernes, 23 de octubre de 2015

Ranchos de la Sierra castellana, otoño VII -- (Autumn in a ranch VII)


                          autor de las fotografías : caballescu f.
                          ladera norte de la Sierra de Guadarrama

                  Pinceladas de otoño en los ranchos
                de la Sierra 




     el pasto, apurado y agostado, malamente reverdece con las escasas lluvias caídas desde la
     primavera. Un puñado de bellotas dulces, unos escaramujos, para matar el hambrillo...




      Aunque las encinas de la dehesa no pierden su tono, el otoño se engancha de co-
     lores cálidos a matorrales y arbustos.




               ... rosales silvestres con sus escaramujos,...




           ... zarzas que ya perdieron sus moras o las consevan secas...




                  ...sobre sus hojas variopintas....




                                  y la luz gacha y cálida de octubre


Otoño en el rancho castellano VI -- (Autumn in the ranch )


                    fotografías de caballescu f.
                    lado norte de la Sierra de Guadarrama


                       otoño en los ranchos,
        el cauce seco




      la seca (sequía) estival continúa amenudo durante el otoño; en estas dehesas y páramos el
      otoño da sus pinceladas  aquí y allá, donde encuentra algún matorral o árbol de ribera.




               incluso el agua de los estancos está en mínimos y el lodo de las orillas se seca y agrieta...




     entre los rastros dejados por los patos y otros animales y las pequeñas conchas de las almejas
     secas y blanqueadas al sol, la humedad del último chaparrón permite que algunas plantas comi-
     encen a despuntar.




       en el agua que resta sobreviven malamente peces y cangrejos y algunas aves y pequeños mamíferos
       aprovechan para pescarlos.




       con todo, el otoño encuentra matorrales resistentes en los que manifestarse.



jueves, 22 de octubre de 2015

Otoño en la Sierra, cerezales, IX -- ( Autumn in the Sierra´s ranch )


                                   una entrada de eeclach
                                   autor de las fotos: caballescu f.
                                   relato de historia popular y letras por tom fabucu (2015)
                                   Sierra de Guadarrama

                        cerezales tras el viejo chozo




                 otoño en los helechos, allá atrás entre los pinos llama la atención una mancha encarnada...




              y al alcanzar el chozo la curiosidad llama a ver qué árboles de hoja caduca
              habitan en estas alturas.




          sorprende y mucho encontrar cerezos aquí; hijos todos segurro, de una primera pepita
          que los pájaros o más bién alguien, tiró aquí.




                 una mancha de color más que alegre entre el azul oscuro del pinar.




      -  `` ..., dicen por los alrededores que allí junto al chozo donde solían dormir, se despidió de sus
            padres un joven pastor y cargado con su manta y su pobre hatillo al hombro, desapareció ha-
            cia el pinar exactamente por donde hoy crecen los cerezos.
            Se iba en busca de un futuro mejor pero hay quien sugiere que sintiéndose acosado en aque-
            llos tiempos cercanos a la guerra, fue a enrolarse a uno de los ejércitos o que emigró al otro
            lado del charco.
            Dejaba moza también en la aldea más cercana, no sin asegurar antes que regresaría, y le

            quedó dicho que sabría de su vuelta cuando mirando hacia el chozo desde las dehesas viesen
            ondear la manta encarnada que llevaba con él.

            Pasó el tiempo; pasó la guerra y dejaron de asomar los dos o tres forasteros armados que pre-
            guntaron durante un tiempo por él.
            La moza, a todo vecino le hacía adivinar en los otoños unos visos colorados a un lado del chozo,
            a la entrada del pinar.
            La gente, que no acababa de ver aquellos reflejos sutiles, suponía que serían helechos, una ra-
            ma de pino o algún enebro seco y la hacían desistir de su visión preguntándole qué importancia
            podía tener aquello; mas por temor tampoco ella les descubrió el significado. Los padres de él
            y su hermano dejaron de subir con sus ovejas y cencerros a los pastos altos y al manantial cer-
            cano al chozo. Se quedaban todo el tiempo en el rancho y apenas subían algo más arriba de la
            cañada si les mandaban ir a buscar alguna morucha o ternero.

            Un año, también en otoño, la moza, ya mujer hecha, atravesó varias mañanas por la dehesa y
            el  rancho camino del pinar con algunos bultos bajo el brazo. Ellos la miraban pasar sin pregun-
            tarle nada, suponiendo que iba al chozo con la razón ya perdida. A nadie le extrañó cuando u-
            na mañana fría cruzó embozada la aldea para no volver. Pero durante unos días les pareció dis-
            tinguir muy leve, cási imperceptible algo como una mancha colorada allá por donde el viejo
            chozo. -Será el helecho, o la rama seca de un pino o un rodal de enebro seco, ...- cantaban.

            Al otoño siguiente, últimos de octubre, el hermano del pastor emigrado guiaba lentamente un
            carro tirado por bueyes hacia la apartada estación del ferrocarril con la maleta de los padres y
            ellos sentados detrás. Se despidió de ellos y siguió camino hacia la dehesa donde habría d car-
            gar leña para llevar a la casona de la aldea. Cuando le preguntaba alguien decía que se habían
            ido a vivir con unos parientes a un pueblo grande cerca de la capital. Tan como en secreto lo
            llevaron todo que a los vecinos, guardeses y pastores no les quedó otra que la imaginación pa-
            ra explicarse todo aquello. El hermano dejó de trabajar en el rancho, se casó allí y no se sabe
            con qué ahorrillos y su propio esfuerzo, arregló una casa arruinada que perteneciera a su fami-
            lia en mejores tiempos y trabajó las escasas heredades que le venían por su mujer más otras
            con las que se fue haciendo poco a poco. Cuando los vecinos comenzaron a emigrar, el precio
            de las haciendas bajó  y así fue prosperando.

            Transcurrieron los años y un sobrino suyo de la capital con ayuda de sus primos y joven espo-
            sa levantó de otra ruina casa de vacaciones y descanso. Ya todo el mudo supo que era el hijo
            de aquél pastor.
            Un día, cuando la fiesta de la patrona, entró con sus parientes a la Taberna Vieja, a celebrar,
            y allí escuchó un dicho ya bién arraigado nacido natural y sin ningún esfuerzo de la imaginación
            de los vecinos. Era tan popular que hasta en los ruegos de las misas, en la taberna o en cual-
            quier esquina de la aldea, o lugares adonde habían emigrado sus gentes, podía escucharse:

            - será el helecho, la rama de un pino;
     un rodal seco, de enebro,... 

            Valía para pedir suerte y bendiciones, para señalar incertidumbres o casualidades, para llenar
            vacíos, despedirse, saludarse los vecinos fuera de la aldea o cuando llevaban tiempo sin verse,
            etc. Y tal fue su arraigo que a los de la aldea comenzaron a nombrarlos en todas partes

    `` Serán Helechos... ´´

            El caso es que ya todo el que se acercaba hacia la cañada veía durante unos días de otoño y
           sin ningún esfuerzo, una mancha colorada allá donde el chozo viejo y la familia, unos desde la
           aldea, otros desde el pinar, se iban a juntar allí, bajo el rodal de cerezos crecidos para una co-
           mida. Se hizo costumbre y otras familias acudieron.
 
           Se dice hoy que aquellos cerezos nacieron de unas cerezas que allí comieran la moza y su pastor
           antes de que él pensara en partir. Que aún temeroso él, ya sin su manta iba a sentarse allá cada
           dos años por las fechas, coincidencia, en que un arbolejo, una caña de cerezo apenas, dejaba
           que el otoño le pintara las hojas.
           La mujer, al creer ver estos visos en la distancia, suponía que era la manta colorada através de un
           matorral y acabó por subir al chozo y encontrarse con él. Allá lo planearon todo. Nunca nadie
           fuera de los suyos llegó a saber a ciencia cierta por qué aquél joven pastor dejó su aldea.

                                                                                                   (tom fabucu)



    
               susurran los cerezos
                    fino como el aire de la sierra
                          en los pinares                                                      (tom fabucu)





                    lágrimas de otoño, sobre la yerba, bajo los cerezos...            (tom fabucu)




                                       ...y la vista del lado de los pinos y la tarde...




miércoles, 21 de octubre de 2015

Ranchos de la sierra castellana en otoño II -- ( Castilla Sierra´s ranch in autumn)


                                              autor de las fotografías: caballescu f.
                                              lado norte de la Sierra ded Guadarrama







          en los pueblos de la sierra, aquellos que pertenecen ya a los montes, los sotos, los pastos,
          cañadas y navas, páramos y  dehesas; entre los altos pinares azules de la montaña y el llano
          labrantío de Castilla, se pintó de nuevo el otoño.




         si bién en las navas y los cauces, fincas, jardines y huertos aún se pinta a grandes manchas en
         las arboledas de fresnos, robles, sauces, chopos, frutales y exóticas; en los austeros ranchos y
         cañadas hay que buscar sus pinceladas a menor escala, aquí y allá...




                                 .. en las hojas de zarzas y escaramujos, las flores tardías,...




                                      ... entre los cardos secos y los helechos de cobre,...




Los rostros el´ Potru (Las caras del Caballo) II -- ( Colt´s Faces II)


                                               autor : comuq
                                               madera de encina
                                               año  2000  ¿?
                                               23 x 15 x 9 cm
                                               colección del autor








                 aunque abstracta, desde ciertos ángulos podemos reconocer vagamente  
                 dos rostros, uno humano y otro de un pottro.






                          debido a la dureza y vidriosidad del prieto corazón de las encinas
                          la pieza se trabajó a mano con hacha, azuela, serrote y escofina.




                  las marcas y grietas que ya tenía el tarugo prismáticode madera, así como sus vetas
                  y color,  realzan que no estropean la calidad de la figura.




el resto de la figura es pura abstracción